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7 may 2012

Instrucciones para no morirse de miedo




   Procúrese un mapamundi. No será imprescindible que esté actualizado. Pidamos lo posible: la primavera de mayo queda demasiado lejana y no le será de utilidad en este caso.
   Eche un rápido vistazo a las calles. Tenga cuidado. No es necesario ni aconsejable abrir las ventanas. Tampoco encienda la luz. Bastará con que corra un poco la cortina, lo suficiente para comprobar que el camino está despejado.
   Diríjase a las escaleras. No se le ocurra utilizar el ascensor. Las bombas suelen estropear las instalaciones eléctricas. Camine con la espalda pegada a la pared, lentamente sin descuidar la retaguardia.  Baje mirando el piso anterior según baja —despacio, recuerde, despacio— al siguiente.
   Mire de nuevo hacia la calle. ¿Todo bien? ¿Algo raro? Perfecto. Da igual, vuelva a mirar. Compruébelo. Tiene que asegurarse. Nunca se sabe. No es la primera vez que todo parece normal y, cuando menos te lo esperas, una bala perdida, trozos de metralla. Quién sabe. ¿Quién puede estar seguro? Usted, usted debe estarlo. Nada pierde con volver a mirar.
   Recuerde que está en un hotel. No olvide que aunque usted esté aquí para proteger a los civiles, a ellos les da igual. Para ellos, para los de ambos bandos, usted es extranjera. No les importa cuántas vidas haya salvado hasta ahora: sigue siendo un efecto secundario de la invasión.
   Salga. Corra. Esos niños, ¿de dónde salen? No piense. Corra. Tírese, tírelos al suelo. Cuerpo a tierra. No piense. Claro que no merecen morir. No tenga miedo. Nunca.

Finalista del I Concurso de Microrrelatos de Amnistía Internacional Valencia 2011.

Decálogo para sobrevivir





1. Dar la voz de alarma.
2. Tirarse cuerpo a tierra.
3. Cubrirse la cabeza.
4. Al escuchar las primeras explosiones, taparse los oídos.
5. No mirar a los ojos, nunca, a quien esté disparando.
6. No llorar.
7. No temblar.
8. No sufrir.
9. Olvidar.
10. Dejarse ayudar.
11. Un abrazo.
12. Otro abrazo, por favor.

     Se adjuntan dos consejos de más. Se deja a la libre elección de quien los necesite (suponiendo que tenga el derecho de vivir en paz) elegir de entre la docena de puntos anteriores y descartar un par para no hacerle un feo al título. Como consejo, no prescindir de los últimos. En caso necesario, repetirlos tantas veces como sea preciso. Lo ideal es que nunca lo fueran. Lo ideal es que nunca. Lo ideal es nunca.


Ganador del I Concurso de Microrrelatos de Amnistía Internacional Valencia 2011.