26 ago. 2014

Apio Verde Tu Yú, enormísimo cronopio

   


   Ahora que ya pasó la algarabía de la celebración de las bodas de oro de Rayuela de las que —como buen cronopio estoy convencido— Cortázar hubiera hecho su fiesta particular abominando de las oficialistas, creo que es un buen momento para volver sobre este libro mágico.

   El adjetivo no es casual y se explicará más adelante.

   Como también sé —igual que sabían Oliveira y la Maga— que las casualidades no existen, a veces me da por inventarlas, como si hubiera pocas, como si fueran necesarias más coincidencias.

   
   La que toca este aniversario es la de los años. Cuando Rayuela se publicó Cortázar tenía casi cincuenta. Esto es una casualidad premeditada con alevosía, y siempre con nocturnidad, porque Rayuela es las calles de París y la noche, y el enclaustramiento oscuro del departamento de Baires.

28 jun. 2014

Viejos Talleres, Nuevos Precios




¿Cuál creen que es el microrrelato más corto de la Historia de la Literatura? ¿Y el relato breve más breve? ¿Y el más largo? ¿Tiene la extensión alguna importancia y, de ser así, cuántas páginas o palabras deben tener para ajustarse a los cánones del género? Y, lo más importante, ¿cómo puedo escribir un cuento?

30 ene. 2014

Carta de Julio Cortázar a Juan José Arreola



París, 20 de septiembre de 1954[i]

   Querido Arreola: Hace varias semanas Emma me mandó sus dos libros, y al abrirlos me encontré con unas dedicatorias que me llenaron de alegría. Pero todo eso es nada al lado de la alegría de leer los cuentos, a toda carrera primero y después despacio, tomándome mi tiempo y sobre todo dándoles a ellos su propio tiempo, el que necesitan para madurar en la sensibilidad del que los lee. Ya habrá observado que uno de los problemas más temibles de los cuentos es que los lectores tienden a leerlos con la misma velocidad con que devoran los capítulos de una novela. Naturalmente, la concentración especial de todo cuento bien logrado se les escapa, porque no es lo mismo estirarse cómodamente en una butaca para ver “Gone with de Wind” que agazaparse, tenso, para los dieciocho minutos terribles de “Un chien andalou”.