11 abr. 2010

La Hemandad de las Tres Caídas



Se enfundó el capirote negro de la Hermandad de las Tres Caída poco antes de las diez.


Al fin este año saldría la estación de penitencia, después de algunas primaveras de lluvia que habían amargado la Madrugá, y que le habían robado aquella sensación de vagar por las calles como protagonista de una procesión de anónimos. ¡Le ponía mucho lo del anonimato del penitente!


Su corazón se aceleró cuando el Hermano Mayor golpeó con el martillo el trono y, en nombre de todos los cofrades muertos, el Nazareno, el Romano y el Cirineo saltaron por los aires y comenzaron a andar con pasos cortos. Pisó, sin querer, la túnica del compañero de delante, justo cuando cogió la primera bocanada del aire fresco de la noche, tras cruzar la puerta de la Iglesia de San Isidro al son del himno nacional.


En otro lado de la ciudad, D. Jesús, como otros miles de sevillanos,  se fue abriendo paso a codazos y empujones para coger, como siempre, un buen puesto en el mismo centro del Puente de Triana; llegar hasta allí y ubicarse era todo un calvario.


Por las estrechas calles del casco antiguo lo único que se oía era el tintineo de los cordones de planta del paso y el runrún de sus pensamientos. No lograba hacer silencio en su cabeza desde que sus pies descalzos sintieron el frío de los adoquines. ¿Cuántas Semanas Santas llevaba saliendo, primero como costalero, luego, cuando las fuerzas fallaron, como cofrade sin peso pero con cirio? ¿Cuántas Madrugás intentado ocultar tras aquella capa negra el gris oscuro de su vida? ¿Cuántas caras descubiertas entre la multitud, sin que a él le vieran enrojecido de vergüenza, de calor, de ira? ¿Cuántas lágrimas a oscuras? ¿Cuántas blasfemias entre dientes? Cuánta soledad y cuanta tristeza procesionada por Sevilla con y sin capirote.


Se revolvió en su atalaya cuando las primeras hermanas de la cofradía cruzaban el puente a su altura. En la primavera de 2009 había escrito un artículo en la Voz del Sur, criticando lo que denominó: "La moda primavera-femenina en las hermandades de Sevilla". La incomodidad le hizo levantar su bastón –como si se fuera a atrever a golpear alguien, él que ocultaba su cobardía tras las letras y que sólo se atrevía a matar en líneas negras de papel—. Por un momento perdió la compostura y el equilibrio, menos mal que se agarró del fuerte brazo del señor que estaba a su lado.



La Madrugá, enfiló por última vez en esa noche el Puente de Triana. Allí lo vio, era una síntesis de hombre, pasaba ya los 70 y sus excentricidades de experto conocedor de la Semana Santa sevillana lo habían convertido en una celebridad insoportable en vida. Allí, en primera fila, parecía observar todo con un aire de superioridad que iba más allá del propio incienso.


Su pequeño libro de la historia de la Hermandad se le vino a la mente, la ilusión con la que investigó, los giros que pensó para darle un  carácter ameno y fresco a su lectura, las anécdotas con las que había iniciado cada periodo histórico. Ese libro le podía haber encumbrado como Hermano Mayor unos años atrás, pero aquel viejo cascarrabias sentenció públicamente que "era un panfleto que no servía ni para turistas japoneses".


Pasó a su lado, y disimulando pero con un certero giro de cirio, golpeó el bastón de madera. D. Jesús hincó su rodilla en el suelo y un sonido sordo de hueso roto, grito ahogado y el rumor de una leve risa de capirote, rompieron el silencio de la noche.


Un tal Simón se quitó con prisas la chaqueta para apagar el fuego que se había iniciado en el pañuelo de seda del anciano cronista de la Semana Santa sevillana.


Helio Ayala ©

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9 comentarios:

Lilymeth Mena dijo...

Con la semana santa en pleno, no cae nada mal una historia con un final divertido, la venganza es placer de reyes. Bueno, Helio.

María Martín dijo...

Te contesto con una frase mú semanasantera : "Como ehcarpiah , compae"

Cristina dijo...

Muy buen cuento, Helio. Me "metió" de lleno desde el principio y te confieso (quizá por el "miedo" que siempre me inspiró la Semanita esta de marras) que "lo viví". Te felicito.

Toñi Ramos dijo...

¡Vaya , Helio!!! No es la religión un tema que me emocione precisamente pero sé reconocer cuando un texto está bien escrito y me llega. Besito.

Lisandro dijo...

Querido Helio, son tantos los motivos por lo que me encanta tu texto ;)

Carlos de la Fé dijo...

Fantástico, Helio. Te ganaste el "cielo". Pinche viejo. Ya sabes que yo hubiera mandado sus débiles huesos al río :)

Helio dijo...

Pues yo pensé que eran mejor las llamas del infierno, las aguas del Guadalquivir bajan turbias y frías en primavera ;)

Alicia dijo...

Helio, que "rico" está tu cuento. Felicidades!
Un abrazo

Julia dijo...

La vengaza es un plato que se sirve frío y que mejor sitio que una procesión de madrugada en Sevilla, genial.-

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