Días pensando que escribir, ¿cómo logro plasmar lo que siento? ¿Acaso si necesito una musa?
Escribo un sin fin de ideas sin llegar a ninguna concreta. Pienso en el escritor y comienzo a plantearme que no sólo es su técnica, su habilidad. Tal vez, después de todo, exista ese algo que muchos se empeñan en negar.
Justo cuando decido que ya no voy a seguir escribiendo, mis dedos empiezan a moverse casi contra mi voluntad y doy con la respuesta:
"Lo mío no es cuestión de musa sino de impaciencia"
Martha González ©

