12 oct. 2012

Salvajes




Ciudad de México, en el día del Señor de 2 de noviembre de 1571


Y creedme que todo lo aquí relatado os lo cuento tal y como fue visto por mis propios ojos.
Por increíble que le pueda parecer a las mentes más civilizadas de nuestra suprema nación, os aseguro que vi cómo aquellos salvajes adoraban a un ser que ellos creían superior y que representaban con un monigote antropomorfo tallado en madera, con signos evidentes de haber sido víctima de crueles martirios antes de su sacrificio.
En su honor, por si fuera poco con esa muestra de ignorancia, fabricaban brebajes con cactáceas fermentadas y tomaban ese jugo infame asegurando que por obra y gracia de una especie de buitre que llaman zopilote, se transformaba en la sangre de su ídolo.
Vi también cómo torturaban hasta la muerte a todo aquel que renegara de su fe mediante artefactos construidos expresamente para tal fin, abusando de la ignorancia de los pobres que no entendían su idioma.
Doy gracias a nuestro Señor y Salvador Jesucristo por haberme nacido en nuestra cristiana y católica España.

Pedro Moya de Contreras.
Primer Inquisidor del Tribunal del Santo Oficio para la protección de la fe de la Nueva España.


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