18 nov. 2012

Defender la Antología: Fernando Valls en un “Mar de pirañas”




«Los microrrelatos tienden a desaparecer si se los mira de frente: son demasiado tímidos y traslúcidos. Para escribirlos basta con tomar un poquito de caos y transformarlo en un miniuniverso. Como las pirañas, son pequeños y feroces. Aconsejo descartarlos si no muerden».
Ana María Shua.
   Es epígrafe de Ana María Shua es lo primero que podemos leer en la antología titulada Mar de pirañas de Fernando Valls y sirve, como en los buenos microrrelatos, para jugar entre el título y la cita, entre un mar de palabras y textos muy variados.
   El jueves 15 de noviembre asistimos a un encuentro literario con su autor en Granada, en un lugar de esos a que los que el lugar común “un marco incomparable” se le queda corto: la Madraza.
   Una vez más el privilegio fue posible gracias a la Cátedra García Lorca y su director Juan Varo.
   Una antología de cualquier género siempre es una oportunidad única de conocer diferentes maneras de entender la creación literaria y nos libra del riesgo y del gasto que supondrían tener que adquirir los libros de uno en uno, además de servir como termómetro del momento.
   Pero, lo que no se puede pretender nunca es que una antología sea objetiva. Por eso —y por la mala fe de quien no sabe cómo rellenar su columna diaria en la prensa— Fernando Valls empezó su exposición haciendo una defensa de su publicación frente a quienes la habían tildado de “improvisada”.
   Quien califica se define, y a Mar de pirañas se le puede poner muchos adjetivos y ninguno tiene que ver con la improvisación ni de lejos.
  Además, calificativos de este tipo terminan por asociarse con un género al que le sobran detractores, ignorantes y atrevidos. Los atrevidos que se arriesgan en su escritura desde la ignorancia y que, al no sentirse alabados terminan desprestigiando e insultando.
   De esta nueva antología no destacaría nada que no tengan las tantas (y siempre pocas) que ya pueblan el mercado editorial: tiene todos los ingredientes para hacerla atractiva y viene avalada por uno de los más prestigiosos estudiosos del género en España.
Está compuesta por un grupo lo suficientemente heterogéneo de artistas resultar atractiva y combina letras consagradas con nuevas y desconocidas.
   En cuanto a las palabras de Fernando Valls en la presentación destacaría su apreciación sobre que el microrrelato empieza a ser el género por el que muchas personas se inician en la literatura, con todo lo bueno y lo malo que ello puede implicar.
   Quienes lo practiquen engañados por su brevedad como sinónimo de facilidad nunca llegaran a nada; quienes lo usen para enfrentarse a “obras mayores”, como antes se iniciaban con el relato breve, se perderán las enseñanzas y los misterios de lo exacto, de lo justo, de lo suficiente.
  De la velada, entre amigos que participan en la antología y de la lectura de algunos textos y las teorías esbozadas por Fernando Valls, me queda la sensación de que entre todos lo estamos matando y él solito se va a morir.
   Valls comentaba en una entrevista a la prensa local ese mismo día que «al microrrelato le faltan lectores» y, tal vez tenga razón, como le faltan a la novela, a la poesía o cualquier género. Lo que está claro es que le sobran nombres, disquisiciones teóricas, desacuerdos trasatlánticos.
   Si entre la crítica, las editoriales y l@s creador@s no se llega a un acuerdo seremos culpables de convertir al microrrelato más en una especie en peligro de extinción que en un género nuevo.
   Por suerte, editoriales como Menos Cuarto, críticos como Valls —con su labor divulgadora en el blog La nave de los locos— y algunas (pocas, la verdad) pirañas ayudan a mantenerlo, de momento, con respiración asistida mientras el olimpo literario sigue pisoteándolo.
  Somos micros, pero somos muchos y, como pirañas, acabamos con cualquier mamotreto, por más premios que tenga.

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