30 nov. 2012

Mark Twain: entre el cinismo y la ironía


    Ernest Hemingway dijo de él:

 «Toda la literatura moderna norteamericana comienza desde el libro de Mark Twain titulado Las aventuras de Huckleberry Finn». Una de las —posiblemente— exageraciones de Ernest, porque tanto uno como otro eran de esas personas que no podían ni querían vivir ni escribir sin pasión.

   Twain también fue un experto en el relato breve del que el Nobel norteamericano seguro que aprendió muchas cosas.

   «No pretendo afirmar que puedo contar un cuento de la manera como debe ser contado. Sólo afirmo que conozco la manera como un cuento debería ser contado, puesto que he estado casi todos los días durante varios años en compañía de los más expertos contadores de cuentos»[1].

   La inteligencia de este autor se desbordaba en sus aforismos, dardos envenenados de sarcasmo que dolían más cuanto más ciertos, al estilo de otro autor que también cultivaba las frases certeras cargadas de pequeñas dosis de ironía aromatizadas con el disfraz de la buena literatura.


[1] Twain, Mark. Cómo se cuenta un cuento. En Teorías del cuento III. Poéticas de la brevedad. Zavala, Lauro (Ed.). México, UNAM, 2008, pág. 89.


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