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25 may 2010

Mundo paralelo





Cuando era niño todo lo imposible era tan sencillo. Como meterme dentro de una pompa de jabón, tapar el sol con un dedo mientras estaba tirado sobre la hierba, dibujar siluetas con las nubes. Todo cabía en un jarrito; podía meter un universo completo en una cajita de cartón o dentro de uno de mis bolsillos. Era capaz de encerrar alguna maravilla formando una diminuta jaula con las manos. Ahora que soy hombre, mi mundo no ha cambiado. Sigo haciendo lo mismo que hacia entonces. Escribo microrrelatos.


25 abr 2010

Paté de hígado



Salgo del trabajo con una sola idea en la cabeza. Estoy hasta la madre de todo, de todos. Para qué ir a casa y bañarme. Busco unos pesitos y bajo al metro. Total, dentro de las pequeñas bolsas negras nadie notará si me había bañado. Ya viene el metro.


Lilymeth Mena ©

Parto sin dolor



Cuando vi la bici delante de la camioneta me fue imposible frenar. La culpa fue toda suya: la luz amarilla me daba preferencia. No me bajé a echar bronca porque nunca se llega a nada. Seguro me habría querido sacar algún dinero. A esta juventud irresponsable que la mantenga el gobierno. Al llegar a casa me estacioné como siempre, bajé y puse la alarma. Quise abrir, no pude. Atravesé la puerta.


Lilymeth Mena ©

11 abr 2010

Tras bambalinas


El pleito armó tal escándalo que los guardias tuvieron que calmarnos con macanas. Las mesas del comedor eran un campo de batalla, las charolas con comida volaban por todas partes, una para todas y todas para una, como los madrazos. Aquí cuando se arma la gorda, se arma. A los que comenzaron la bronca se los llevaron luego luego; seguro los van a meter al hoyo un rato, para que se chinguen. Anuncian por el sonido que tenemos que ir a nuestras celdas para el conteo. Muchas veces se aprovecha el caos para intentar alguna fuga. Es mejor estar seguros de que cada ratón esta en su ratonera. Mis cuates de cajón son todos unos hijos de puta. El Rulo se cogio a la hija de un juez: el suegro le achacó cargos de secuestro y le echaron veinte años; el Baldomero acuchillo a un informante de la judicial que se salvo de puritito milagro: le echaron quince. El otro chavo, el Cheto, es un escuincle caguengue como de veintitantos. Es más o menos nuevo, tiene aquí como diez meses. Se ve algo abanicado, siempre anda como perdido. Le late leer y ahora es el bibliotecario por que el viejo Luis se murió. Nadie sabe por qué esta aquí, y la verdad, me vale madres, pero me cae dos tres, cuando pasa con el carrito. Sabe tantito de mi vida y que también me late un resto leer. A cambio le doy un par de Delicados sin filtro,. Aquí todo se compra con tabaco o con sexo, no hay de otra.


Luego de contarnos nos sacan al patio de recreo. Por la virgencita que así le dicen, de a deveras. Algunos juegan fucho, otros se echan un pocarito. Yo me quedo con unos cuates en las bancas de la parte alta. Siempre observo a los demás, soy un vampiro de los que me rodean. Mi santa siempre dijo que a mí nomás me gusta andar chupando la alegría.


El Cheto viene arrastrando las patas, así como el camina siempre. Se sienta, con ese libro de pasta jodida que trae para todos lados. Estábamos a mitad de un chiste rojo del Rulo cuando al menso le da por hacer la misma pregunta idiota de todos los nuevos.


—¿Tú por que estas aquí? El Rulo se caga de risa.


—Yo no hice nada wey, soy inocente.¿Que no lo sabes? que aquí todos somos inocentes.


El Cheto se sienta junto a mí todo lacio, y así como no queriendo la cosa me pregunta:


—Y que, ¿tú también eres inocente?


—No, yo soy el único hombre culpable en Almoloya.


—Yo cuando estaba allá afuera leí una de tus novelas. Mi santa hasta veía la telenovela que hicieron. La neta no se qué haces aquí.


—Yo, mi chavo, estoy aquí por culpa de mi mala memoria.


—Tu mala memoria... Seguro eras de esos weyes que ganaban un chingo de lana, te codeabas con las estrellas. ¿Andabas con la protagonista de la telenovela no?


—Te digo, mala memoria.


—Supe que iban a grabar una segunda telenovela con otro de tus libros, pero ya ni supe si se hizo o no.


—No, me la cancelaron.


—Por eso estas aquí, ya nadie quiso darte chamba, te quedaste sin lana, e endrogaste a lo wey y no pudiste pagar.


—No Cheto, yo nunca me he quejado de nada, ni de nadie, solo de mi pésima memoria, por olvidarme de sacar la cabeza de un crítico del refri.


Lilymeth Mena ©


30 mar 2010

Aurora



Cuando papá se fue de la casa y nos quedamos solas no me dolió ni me importo mucho; de todas maneras mamá y yo pasábamos la mayor parte del tiempo así, solas, buscando trabajos que se nos acomodaran en lugar de acomodarnos nosotras a ellos. El nuevo bebe ocupaba mucho tiempo: lavar pañales, cambiarlo, cargarlo para que no llorara, alimentarlo. Solíamos turnarnos para no dejarlo nunca encargado con nadie, así una trabajaba de día, la otra de noche.


De la escuela me echaron luego que no pude pasar los exámenes extraordinarios de los dos últimos bimestres. Por aquel entonces mamá había recién dado a luz y tuve que cambiarme al turno de noche. Entré a una fábrica de jeans; mi trabajo era muy sencillo, tenía que poner los botones con una maquina que los inyecta a presión. Nada del otro mundo, la paga era poca pero segura y nos ayudaba.


A veces, cuando mi hermanito y yo nos quedamos solos bajo el intenso calor que se siente a través del techito de lamina, me imagino si así de difícil es la vida para todas las mujeres.


Anoche salí del trabajo a las diez y media, esperé el autobús como siempre, le compré una paleta de chocolate a un chico que subió a vender en la parada del centro. Todavía la llevaba en la boca cuando descendí en la esquina de la casa. Todo era como antenoche y la noche antes de esa, hasta que un auto se emparejo a mis pasos.


Hoy amanezco sobre el suelo del desierto a las afueras de la ciudad, me duele tanto el cuerpo que ya ni me duele. Estiro la mano intentado agarrarme de lo que tenga cerca para ponerme de pie pero solo alcanzo unas cuantas rocas y hierba seca. Entonces comprendo: nadie vendrá por mí ¿a quien puede importarle una pequeña obrera hija de nadie? Ya no puedo defenderme, sólo me queda mirar por última vez un amanecer anaranjado sobre el cielo de Chihuahua.


Lilymeth Mena ©